Las herramientas de inteligencia artificial generativa llegaron para quedarse en nuestros escritorios. Redactan borradores en segundos, resumen normativas extensas y hasta proponen escenarios financieros con aparente solvencia.
Su utilidad es innegable, pero también es necesario recordar sus limitaciones. Estos modelos no razonan como nosotros. Aprenden patrones de millones de textos y los reorganizan con fluidez, pero no verifican si una cifra es real, no entienden el contexto de una ley tributaria reciente ni ponderan el impacto social de una proyección económica. Simplemente imitan, y esa imitación, por convincente que parezca, no sustituye el juicio profesional.
El riesgo no está en usar la tecnología, sino en delegar en ella sin filtro.
Cada informe publicado con datos no contrastados o cada análisis difundido sin revisión crítica se suma al ecosistema digital del que aprenderán las próximas generaciones de modelos.
Estudios recientes advierten que este ciclo puede degradar progresivamente la calidad misma de las herramientas: el llamado colapso de modelos. En otras palabras, si hoy alimentamos la red con contenido poco riguroso, mañana contaremos con asistentes menos confiables. Entonces, la responsabilidad es colectiva.
Ante esta realidad, proponemos tres hábitos sencillos pero fundamentales:
- Contrastar siempre. Ninguna cifra o referencia generada por IA debe llegar al cliente sin ser validada contra fuentes oficiales o documentación primaria.
- Editar con criterio. La herramienta puede ofrecer un primer esbozo; el valor profesional reside en incorporar contexto, matices sectoriales y experiencia.
- Ser transparentes. Si utilizamos asistencia automatizada, mencionémoslo brevemente en la metodología. La claridad fortalece la confianza.
La tecnología bien empleada multiplica nuestro alcance. Pero el compromiso que representa nuestra firma (ese acto sencillo que avala números, conclusiones y recomendaciones) no se delega.
Antes de cerrar un informe asistido por IA, detengámonos un instante y preguntemos: ¿Este trabajo refleja el criterio que me formé años estudiando, analizando y equivocándome?
- Si la respuesta es afirmativa, avanzamos con tranquilidad.
- Si hay dudas, volvemos atrás: contrastamos las cifras, ajustamos los supuestos, incorporamos el matiz que sólo da la experiencia frente a casos reales.
Cada dictamen nuestro viaja más allá del archivo digital: influye en decisiones que sostienen empleos, orientan inversiones y definen el rumbo de organizaciones. Que la IA sea nuestra brújula en un camino marcado por nosotros, con el criterio forjado en años de estudio y práctica.
No olvidemos que la confianza que construimos no nace de lo rápido que trabajamos, sino de lo sólido que firmamos. Y eso es un respaldo silencioso que sostiene empresas, empleos y decisiones que, solo se gana con actos responsables, repetidos con honestidad día tras día.
Esta nota informativa tiene carácter orientativo y busca fomentar la reflexión y el uso responsable de herramientas de inteligencia artificial en la práctica profesional de las ciencias económicas en Argentina.


